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Blog de Pedro Arrizabalaga

Becadas y becacinas irlandesas

Irlanda, por su situación geográfica y sus ecosistemas, siempre ha sido el lugar de paso e invernada de muchas aves migratorias, especialmente becadas y becacinas. Hasta allí fuimos a cazarlas en mano y con perros, a pesar del mal tiempo. Lucas Urquijo y un servidor se hospedaron durante tres días en casa de Chris De Margary, quien fue durante once años saxofonista del grupo pop Simply Red.

Texto y fotos: José I. Ñudi

Irlanda, por su situación geográfica y sus ecosistemas, siempre ha sido el lugar de paso e invernada de muchas aves migratorias, especialmente becadas y becacinas. Hasta allí fuimos a cazarlas en mano y con perros, a pesar del mal tiempo. Lucas Urquijo y un servidor se hospedaron durante tres días en casa de Chris De Margary, quien fue durante once años saxofonista del grupo pop Simply Red.

La primera becacina. Uno de ellos era Kieron Fox, que traía una pareja de bracos alemanes. Mientras llegaban otros dos perreros contratados, fuimos a dar una vuelta por el prado de hectárea y media donde a lo mejor podíamos levantar alguna becacina.
Pegué un primer tiro sin saber donde y ya con el izquierdo le corro exageradamente la mano y cae como un trapo. Para colmo salieron dos mas que no pudimos tirar.

Paraíso de becadas y becacinas. Las Islas Británicas, por su situación y habitat, se convierten en lugar de paso e invernada de un gran numero de aves migratorias procedentes principalmente de los países escandinavos, sobre todo becadas y becacinas.
La becada tiene un paraíso: espesuras donde pasar el día a buen recaudo y prados a los que acudir de noche para comer. Y con tanto praderíos encharcado la becacina también se encuentra en su salsa.

Iniciamos la marcha. Una vez llegaron los otros dos perreros, todos salimos hacia el cazadero. En total, cuatro escopetas, tres perreros y cinco perros. La estrategia era simple: distribuirnos en mano y avanzar. Los perros, obedientes y eficientes, iban registrando los matones o los padros hasta que levantan alguna becada o becacina. Pero desde el primer momento ya vimos que los pájaros no estaban donde tendrían que estar. Las aves, sobre todo las migratorias, son muy sensibles a los cambios atmosféricos y cambian las gerencias para ponerse a buen recaudo. Demasiada agua y viento.

Escasez de aves. Hasta ese momento sólo habíamos escuchado un tiro y fue una becada que le voló a uno de ls cazadores. Cayo en el bosque de abetos y finalmente la cobraron los perros.
Ahora nos metemos por una zona que, a priori promete. Es una amplia ladera salpicada de grandes tojales. La cosa parece animarse.
Sigo con Sidney a mitad de la ladera hasta bordearla para luego remontar hacia una especie de páramo donde nos juntaremos todo.

Otra becada a criar. Tras el refrigerio, de nuevo al tajo. Con la tempestad, fuimos a visitar un frondoso bosque de abetos y sus alrededores. Al rato nos metemos todos en mano en el abeta. Al menos este apenas tenia vegetación arbustiva y lógicamente pocas becadas íbamos a sacar. Salio una becada que no nos la esperábamos y que fue batida finalmente.

Precioso doblete. De allí nos fuimos a probar fortuna en unos pastizales salpicados de algunas junqueras, varias correnteras y manchones de tojos. Iniciamos la mano. Al poco tiempo se levanta una becacina larga que se me cruza, le largo dos tiros y finalmente los perros la encuentran muerta. Tras caminar un par de Km. volvemos a los coches y allí inician un tiroteo tremendo. Me pongo en guardia y de repente veo una becada y la tiro. Lucas viene emocionado, dice que han salido dos becadas juntas, y una a logrado abatirla. Compartimos la alegría cuando le digo que también ha caído la segunda.

Un camino difícil. El frente atlántico empieza a remitir, pero todavía nos queda soportarlo. La organización nos lleva a un cazadero resguardado del aire. Es claramente becadero, se trata de una larga y empinada ladera.
El cazadero promete pero tampoco hay becadas, al menos las que tendría que haber. Unz vez abatidas 3 becadas, llegamos a la cuerda, cambiamos radicalmente de cacería y de especie. Ahora aparecen ante nosotros suaves colinas de pastizal ralo. Al parecer algunas quedan por estos parajes y Chris comento su intención de recuperarlas. Para eso tiene que llevar a cabo dos tipos de acciones: controlar algunos predadores como zorros, visones, etc. y realizar quemas controladas de brezo.
Primero veo salir una larga sin opciones, luego otra a la que le pego dos tiros y aterriza de mala manera. Poco a poco nos vamos encaminando hacia los coches, pero antes rebuscamos un pradito donde prometen: se trata de tierras abandonadas. Precisamente en uno de estos prados condenados a la extensión abatí la becada mas difícil y complicada. Tras unos minutos de búsqueda en la maraña, el Springer sale con ella.

Tarde de becacinas. El cazadero al cual nos dirigimos esa misma tarde era una llanura semiencharcada con bastante broza, aunque rala. Hasta seis muestras hicieron los canes, pero entre el fuerte viento y los quiebros endiablados de estas avecillas, no recuero si llegamos a cobrar alguna. Tras esos dos días intensos de caza, volvíamos a Madrid no sin antes hacer una cena por todo lo alto con las becadas abatidas. Estaban exquisitas.

Ultimas salida con sabor agridulce. Llamo para la ocasión a un nuevo “perrero”, el irlandés Bryan Johnston. Fuimos claramente en busca de becadas: prados con espesos tojales y algún que otro bosquete de Bryan nos ojeó.
Todos tiramos becadas, yo el que mas, cuatro en total. Las cuatro eran abatibles y podía haberme quedado al menos con alguna. Con este sabor agridulce concluyo esta grata experiencia irlandesa que sin duda vale la pena experimentar por la amabilidad y profesionalidad de la organización, por el trabajo de los perros y sus conductores, por los paisajes y porque se trata de una caza de verdad. Tuvimos en contra el viento y la lluvia, pero así es la caza y, a veces, el invierno irlandés.

Artículo obtenido de www.trofeocaza.com