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Blog de Pedro Arrizabalaga

Grouses en ojeo

El ojeo de grouses rojas, un lagópodo existente sólo en las Islas Británicas, puede considerarse la modalidad de caza menor más exclusiva y cara de cuantas existen en el mundo. El hecho de que aún no haya podido criarse e cautividad hace que el grouse sea un ave relativamente escasa y necesitada de una costosa gestión natural, de ahí que cazarla sea un autentico privilegio.

Texto: Lucas Urquijo
Fotos: Beatriz Moreno

El ojeo de grouses rojas, un lagópodo existente sólo en las Islas Británicas, puede considerarse la modalidad de caza menor más exclusiva y cara de cuantas existen en el mundo. El hecho de que aún no haya podido criarse e cautividad hace que el grouse sea un ave relativamente escasa y necesitada de una costosa gestión natural, de ahí que cazarla sea un autentico privilegio.

La temporada de grouse comienza todos los años el 12 de agosto. Este año la invitación era para cazar dos días muy próximos a la apertura, por lo que los pájaros volarían con menos fuerza que en más avanzada la temporada, pero tenía el aliciente de conocer de grouse en el norte de Inglaterra.

Durante el desayuno se celebra el sorteo y con el numero asignado habrá que ir saltando dos puestos a la derecha después de cada ojeo. A las nueve en punto de la mañana estábamos listo para salir. Nos advierten que intentemos matar los mas viejos tirando a los pájaros sueltos o a los que fuese a la cabeza del bando.

Nos dirigimos hacia las posturas de una manera ordenada y silenciosa. Los puestos son una verdadera obra de arte: de piedra, de forma circular y la parte alta tapizada con musgo y brezo propio del terreno.

La aparición de algún grouce descolgado avisa del comienzo del ojeo. Los ojeadores van perfectamente alineados siguiendo al pie de la letra las indicaciones del guarda mayor y sus ayudantes. No se oye ni una voz, sólo el “flap-flap-flap” de sus banderas, que son normalmente sacos de abono cortados de forma rectangular y provistos de un mango de unos 30 centímetros. Los grouses pueden aparecer sueltos o en bandos de distinto tamaños.

Con un toque de corneta los guardan avisan de su cercanía y ya no se podrá tirar hacia delante. A unos 80m. Detrás de los puestos se sitúan los cobradores, en muchos casos mujeres acompañadas de sus perros.
Finalizado el ojeo se van acercando progresivamente a las escopetas y ayudan a cobrar los pájaros pedidos y alicortados.

Acabado el quinto y ultimo ojeo del día se vuelve a la casa donde se hace el recuento total que siempre se realiza por parejas.
En este caso fueron 112 pares, con una proporción de dos jovenes por cada adulto. Con un pequeño intercambio de opiniones entre tiradores y guardas culmina un día inolvidable, donde el buen ambiente, la tradición y el salvajismo de los pájaros son insuperables.

Artículo obtenido de www.trofeocaza.com