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Blog de Pedro Arrizabalaga

El ojeo de gallinas de Guinea

El ojeo de gallinas de Guinea

El ojeo de gallinas de Guinea es tan espectacular y exclusivo como nuestro ojeo de perdices o los De grouses en Escocia y requiere para llevarse a cabo un gran número de cazadores y ojeadores.

El ojeo de gallinas de Guinea es tan espectacular y exclusivo como nuestro ojeo de perdices o los De grouses en Escocia y requiere para llevarse a cabo un gran número de cazadores y ojeadores.

Texto y fotos: Lucas Urquijo
y José Ignacio Ñudi

Como Henk, el cazador profesional con el que cazábamos, especializado en caza menor, tenía apalabrado dos días de ojeos con un grupo de cazadores sudafricanos, pertenecientes todos al club de cazadores Wildfowl on the Wing, nos animó a unirnos al grupo, como así hicimos.

El ojeo de gallinas de Guinea es un ejercicio de estrategia que comienza meses antes de la cacería, planificando qué parcelas sembrar y cuáles dejar de pastizal en los contornos de pequeños bosquetes de eucaliptos o pinos que los primeros colonos sembraron para dar sombra al ganado. Las gallinas, al igual que los francolines, se pueden cazar desde el 1 de mayo al 31 de agosto, unas fechas ideales para el cazador español.

Nuestro cazadero era Orange Free State, provincia que se encuentra a 2 horas y media al Sur de Johannesburgo. Es este estado, conocido como el granero de Sudáfrica, los campos de cereales (trigo, cebada y avena, girasol, sorgo y maíz) y pastizal se suceden de manera casi monótona con bosquetes de eucaliptos, pinos o matorral espinoso. Además las extensiones son enormes y solamente los silos de grano en el horizonte sirven como punto de referencia. No es por tanto raro la abundancia de gallinas en un hábitat tan idóneo, donde no falta ni comida ni refugio.

Como digo el cazador profesional vigila dónde duermen el mayor número de gallinas, que suele ser uno de estos bosquetes. Lo ideal es que junto a estas arboledas haya pastizal, luego entenderán por qué. El día de la cacería cazadores y ojeadores completamente de noche rodean de forma circular el bosquete, de modo que cuando amanece las gallinas, que poseen una vista prodigiosa, al sentirse rodeadas, se bajan de las ramas de los eucaliptos y se ocultan en el pastizal, pensando que nadie las ha visto, para dirigirse después a las zonas de comida. De ahí la importancia del pastizal. Una vez haya amanecido y las gallinas se hayan bajado de los árboles, ojeadores y cazadores avanzan lentamente hacia el pastizal, disparando a la que salga o echándola hacia los otros cazadores.

La gallina de Guinea es un ave grande y dura que encaja muy bien los tiros, por lo que conviene disparar con perdigón grueso, e intentando darle en zonas vulnerables como cabeza y cuello, cosa que no es difícil porque cuando vuelan estiran estos miembros. Nosotros utilizábamos cartuchos españoles de la marca Rio con perdigón del seis o del cinco que tuvieron un comportamiento formidable.

El récord de Henk. En la primera cacería Lucas, mi acompañante, amigo e intérprete, y yo fuimos “abandonados” aún de noche en medio de un interminable barbecho. Como horizonte un bosquete de eucaliptos. Con las primeras luces esta larga mano compuesta de forma alterna por cazadores y ojeadores comenzamos a andar hacia los eucaliptos. Despacio pero sin pausa, mientras los otros cazadores que estaban al lado y detrás del eucaliptal permanecían inmóviles. Las gallinas hicieron lo que Henk pensaba: bajarse de los eucaliptos y refugiarse en el pastizal “esperando” que pasase el peligro. Pero se equivocaban porque detrás de todo esto había una estrategia en la que las gallinas eran las piezas buscadas. Lucas y yo, emocionados, avanzábamos despacio y sabiendo que todo estaba saliendo según el plan previsto y que en poco tiempo comenzaría el tiroteo, sobre todo cuando comenzamos a pisar pasto. La primera que me salió de los pies se tragó entero el cartucho de quinta y ya no paramos de disparar en todas direcciones, sobre todo cuando los cazadores que estaban delante de nosotros iniciaron también la marcha. Los ojeadores, que también hacían las veces de porteadores, iban ya cargados de gallinas, que no paraban de salir y volar en todas direcciones, lógicamente no podían hacerse tiros bajos porque podíamos darle tanto a los ojeadores como a los cazadores de enfrente. Había que tirar siempre viendo cielo. Cuando el cerco se cerró y teníamos a los otros cazadores a un tiro de escopeta, los ojeadores avanzaron hasta juntarse formando tal algarabía que las gallinas más recias fueron obligadas a levantar el vuelo recibiendo varias salvas en su honor. El ojeo-cerco había sido todo un éxito, abatiéndose el récord personal de Henk, 118 gallinas en total, y el día no había hecho más que empezar. El resto de ojeos, ya más parecidos a los nuestros, nos darían muchas más alegrías pero no tantas gallinas como éste primero.

El resto de ojeos eran como los de aquí con la diferencia de que los cazadores que batían llevaban también escopeta, pero eso sí, había que tener cuidado con los tiros, siempre viendo cielo.

Los cazaderos eran generalmente maizales aún sin recoger. Una parte de los cazadores se ponían de puesto y el resto, junto a los ojeadores, avanzaba hacia ellos. Un puesto no aseguraba más tiros porque las gallinas solían salirse a peón del cerco y se escapaban. Había que tener mucho cuidado con las gallinas abatidas dentro del maizal porque si caían con algo de vida apeonaban hasta desaparecer. De vez en cuando era un francolín quién te sorprendía con su poderosa arrancada, pero la mayor parte de las aves eran gallinas.

Así transcurrió el primer día de ojeos, pero quedaba un segundo ojeo-cerco que comenzó, como era de esperar, con otro ojeo-cerco en el que se abatieron 90 gallinas.

Artículo obtenido de www.trofeocaza.com