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Blog de Pedro Arrizabalaga

Colines en el King Ranch

Colines en el King Ranch

El colín de Virginia se parece en tamaño a la codorniz y en comportamiento a la perdiz. Es una especie originaria de Norteamérica, donde precisamente los ha cazado el autor del reportaje en uno de los ranchos más legendarios de Estados Unidos que se distingue...

La caza de esta exótica gallinácea en uno de los ranchos más grandes y legendarios de América

El colín de Virginia se parece en tamaño a la codorniz y en comportamiento a la perdiz. Es una especie originaria de Norteamérica, donde precisamente los ha cazado el autor del reportaje en uno de los ranchos más legendarios de Estados Unidos que se distingue, entre otras muchas cosas, por su modélica gestión cinegética.

A diferencia de hace 25 años, que me tocó ir a trabajar con los vaqueros durante los calurosos meses de julio y agosto, este viaje se presentaba más placentero. Se trataba de una invitación por parte de la familia propietaria a cazar colines junto con mi mujer, mis padres, un hermano y unos amigos.

La caza del colín es muy parecida a la de nuestras codornices, aunque ambas aves difieren en sus costumbres. Se caza en mano con pointer, nunca sueltan más de un pointer a la vez y las muestras son infalibles. Es curioso ver cómo a veces los perros van provistos de unos pequeños botines por el peligro que entraña la picadura de la serpiente cascabel, abundante en la zona.

Se empieza a cazar en torno a las 9 de la mañana. En nuestro caso organizábamos equipos de tres cazadores y nos íbamos turnando sucesivamente para aproximarnos a las magníficas muestras. De esta manera la caza se hace muy agradable y distendida.

El calibre utilizado es el 28 que, junto con el pequeño tamaño de la pieza, hacen que el tiro sea deportivo y retador. El bando suele oscilar entre 8 y 12 pájaros y se intenta no matar más de 3 por bando. De esta manera, al ser un ave muy sedentaria, se asegura la reposición para el año siguiente no ejerciendo demasiada presión.

Cuando los pájaros se tiran de cola, su vuelo recuerda enteramente al de la codorniz; sin embargo, cuando cogen altura y ofrecen mayor variedad de ángulos se acaban pareciendo más a nuestra patirroja.

A mediodía parábamos unas dos horas para comer en unos campamentos idílicos situados cerca de pequeñas charcas donde constantemente nos sobrevolaban gran variedad de acuáticas y de rapaces. No faltaba la buena carne, el arroz con frijoles y las buenas ensaladas, todo ello aderezado con mucho chile.

El total de la percha del día para cada cazador suele rondar los 15 ó 20 colines, con la suerte añadida de disfrutar mucho a lo largo de toda la jornada viendo a los perros trabajar. Dado la altura del pasto y la espesa vegetación, el cobro lo realizan unos labradores muy bien adiestrados que siempre esperan pacientemente a que el cazador haya terminado de tirar para ir a cobrar la pieza abatida.

Por la tarde hay opción de seguir cazando colines o coger el rifle e intentar algún rececho al cola blanca o al pecarí. La jornada finalizaba prácticamente de noche cuando el frío del desierto se dejaba sentir .

Gracias a la generosidad de John y Claire Alexander, todo el grupo hemos podido disfrutar de unos inolvidables días de caza, pero más importante aún ha sido la convivencia entre amigos y el haber tenido la oportunidad de saborear la vida en el más auténtico y legendario de los ranchos de Estados Unidos.

Artículo obtenido de www.trofeocaza.com